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| Domingo 25 de junio de 2017
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Manuel Lozano Entrevistas RSS Entrevistas

Manuel Lozano

"Salvo excepciones, creo que la ficción que se está haciendo en Argentina es penosa"

Por Ricardo Cardone

R.C. ¿Cómo ves a la literatura en los medios, especialmente en los medios no convencionales, como puede ser Internet, como puede ser la radio misma?

M.L. Aunque no suelo echar mano de lo que, habitualmente, suele llamarse visión optimista o pesimista (de paladear esos previsibles maniqueísmos tan caros a esta época), ahora sí voy a utilizar la palabra dilecta del filósofo Leibniz, y diré que veo con optimismo la retroalimentación incesante entre arte, literatura y red, porque creo que Internet, a pesar del caos que todavía supone, (me) nos permite redescubrir a escritores y artistas, no solamente a escritores y artistas conocidos, sino a novísimos de todas partes del mundo. Yo leo, releo y estoy en permanente comunicación con nuevos escritores o los voy descubriendo a través de Internet. Es un continuum, una especie de cartografía abierta que no deja de asombrarme.
Con respecto a los medios convencionales, no me considero un periodista -ni creo tampoco en las universidades que otorgan, como decía mi amigo Adolfo Bioy Casares, "esas patentes de periodistas que no sirven para nada"), sino un intelectual que transmite comunicación o que es dador de comunicación, un escritor que comunica y celebra la cultura. Se ha olvidado esa condición prismática, caleidoscópica de la cultura: la de ser, ante todo y más allá de todo, el acto celebratorio por antonomasia. Por eso mi programa se llama El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor-

R.C. ¿Cómo llegás a la literatura?

M.L. Llegar no me parece el vocablo acertado, porque siento que el arte siempre estuvo en mí, me embebió desde antes del principio con ese manantial que es el líquido amniótico, con ese manantial de preguntas y perplejidades: acaso la verdadera sustancia, si es que hay una sustancia, de la poesía. Hablo de líquido amniótico y no puedo dejar de recordar a dos artistas inmensos y dilectos que, por esas coordenadas luminosas de la memoria, se unen ahora en mi cerebro: Edith Sitwell y James Ensor.
Desde el vientre materno estuvo en mí la literatura, y no es ésta una mera declaración circunstancial, porque considero a la literatura como un destino y destino -ya se sabe- es lo que no se elige. ¡Afuera los ojos del azar, ja ja! Sin la literatura o, más genéricamente, sin el arte, creo que me moriría, a esto lo comparto plenamente con aquellos tigres del jazz como Dexter Gordon y Charlie Mingus. Después está lo de la asfixia, porque uno en parte, escribe desde la asfixia o desde las interrupciones, que son "el otro lado de los respirares". Algunos escritores han sentido la asfixia corporalmente. Pienso en Anne Sexton o Sylvia Plath. A mí, suele presentárseme casi de manera subrepticia, en ocasiones invisible.
Cuando yo nací no podía lanzar el grito inicial y me ahogaba. ¿Viste que cuando nacen los bebés les dan unos golpecitos y de inmediato lloran? Bueno, yo tardé en darlo y, literalmente, me ahogaba. Seguro que esto habrá durado algunos segundos, pero por la condición misterial de la poesía del recuerdo del otro, en este caso de mi madre -que me lo contó-, parece una eternidad. Durante largo tiempo, en mi infancia y ante determinadas circunstancias extremas (por ejemplo, la muerte de mi mejor amiga Patricia, a los seis años, por una septicemia), el llanto se me iba para adentro y me ahogaba. Yo creo que eso tiene que ver con el terrible, casi atroz descubrimiento del mundo. Por eso no podemos recordar el momento exacto del nacimiento: esa grieta, ese salto, esa caída.
Uno nace a la literatura como nacemos todos: a través de un grito. No nacemos precisamente con la palabra, nacemos como decía D. H. Lawrence en un hermosísimo libro que es un verdadero libro de bitácora o arte poética que se llama Etruscan places, nacemos al mundo con un grito. Yo nací a la literatura de este lado con un grito. Es el grito lustral, el primer relámpago que nos atraviesa con su llaga.
Por otra parte, antes de saber leer y escribir, a los tres años, yo dibujaba en compañía de mi abuela materna, una verdadera narradora oral, a la que apodaban, por obvias razones, "la tigra". Luego estudié pintura durante mi infancia y adolescencia, vale decir que todo un universo visual, las artes plásticas, la fotografía y el cine, en especial, va nutriéndome. Dicen los críticos que eso está presente en mi poesía y en mi ensayística también, tiene mucho que ver con este camino de vida, porque creo, y en esto coincidíamos con Silvina Ocampo (ella, como sabrás, estudió con Léger y Giorgio de Chirico en París, y publicó su primer libro, Viaje Olvidado, en 1937), en aquello de que una intensísima experiencia visual y emotiva nos precedió a la escritura.
Antes de armar mi primer libro, a los nueve años, aún no sabía escribir a máquina, estaba en el cuarto grado de la escuela primaria y lo titulé -ambiciosamente- El amuleto de Cronos. Yo era una especie de enano lector, indisimuladamente furioso de mitologías y viejos tratados de historia. A El amuleto de Cronos lo recuerdo como un libro de cuentos, de cuentos breves, pero me sumergí de lleno en la literatura después de haber pasado por los laberintos más irisantes de la plástica y del cine, universos que me sigue apasionando. A esto lo llamo, en algunos textos, "la sumersión del vuelo".
Fijate hasta qué punto la pintura era más real que mi mundo infantil cotidiano, que un día, tendría yo siete años, la maestra nos pidió un dibujo del animal preferido, y le llevé una copia de "Jirafa en llamas", de Dalí. Inmediatamente, la maestra -se llamaba Ana María Pavía y recuerdo perfectamente su delicada cara como la de un personaje de Cimabue- mandó a llamar a mi mamá, casi catatónica y en estado de absoluto anonadamiento, a preguntar qué pasaba conmigo.

R.C. Increíble. Siempre en un punto las artes se unen...

M.L. Sí, son la misma cosa con distintos nombres ¿no?, son facetas de un mismo monstruo, y aquí utilizo monstruo en su sentido etimológico, concepto que he reelaborado en el último libro mío de poemas, Historia Natural de la Herida. Monstruo es el que llega "a advertirnos", el que predice. Historia Natural de la Herida es el otro lado de la historia de la especie, de esto que somos, que puede ser lo más sublime o lo más diabólico, o ambas cosas...
¿Quién dijo que somos homo sapiens, pero quién lo dijo? ¿Por qué no aplicar el "sapiens" a un perro, por ejemplo, o a un caballo? ¿No?

R.C. Es un acto egoísta no considerarlo...

M.L. Absolutamente, sí, y denigratorio del resto de la naturaleza. Como te decía, y vuelvo al tema de lo visual, aparece ahora también con mayor intensidad esta herida común a todos que nos trasvasa cada vez, que trasvasa todos los tiempos y todos los espacios y que no elude la asfixia ni "los respirares" permanentes. Últimamente hablo de respirares en un sentido cercano a Juan de la Cruz y a Teresa de Ávila, dos maestros a los que vuelvo como Ulises a su Ítaca. Y a quienes celebro, por supuesto, "como rehén en perpetua posesión".

R.C. Hablás de esa necesidad de gritar, de ese grito interno que sale. ¿A ese grito lo provoca el leer a algún autor, una necesidad innata de escribir, quién da esa palmada a ese escritor naciente?

M.L. Puede ser que un autor te permita abrir los ojos o dejar cierta ceguedad de lado, para usar una palabra muy cercana a los místicos (y vuelvo a la querida Teresa de Ávila), pero supongo que el grito lustral, primal, está en uno, hasta en la alineación cuántica y genética: es parte de la historia natural de la herida. Reivindico absolutamente el grito, al igual que otros, como D. H. Lawrence, pero lo reivindico desde el punto de vista no sólo existencial sino literario, porque me he cansado de ver cómo se ha hecho uso y abuso del tema del silencio -sobre todo en la literatura argentina de estos últimos años-, con todo el respeto que me merece el tema del silencio. Hay una suerte de onanismo absurdo y repetitivo con el silencio.
Olga Orozco, en su último libro Con esta boca en este mundo, escribe, “hemos hablado tanto del silencio, lo hemos condecorado(...)”, como diciendo ¡basta, hasta acá llegamos, señores!
Veo a muchos, no quiero decir escritores menores porque en realidad son menos que escritores, que desde un lugar muy soberbio reivindican el silencio con total liviandad y de una manera gratuita, casi obscena, cuando se ha escrito tanto sobre él, y, además, habiendo existido escritores espléndidos como la misma Olga Orozco, Alberto Girri, Jacobo Fijman o Alejandra Pizarnik que nos dejaron páginas memorables. Además el silencio está implícitamente ligado al grito, son como las caras de un janus bifrons, como las dos caras de una tierra prometida que estamos a punto de descubrir. Por eso escribí en un reciente poema: "Hay que deshabitar la casa del silencio".

R.C. ¿Escribir es gritar?

M.L. Sí, sí, sí (trinitariamente y tigritariamente, ja ja), y gritar desde distintos lugares y tiempos, desde espacios y edades que no eluden ni el balbuceo o el murmullo. Acabo de traducir unas letras de John Lennon, de su emblemático álbum Minds Games, y descubro que tanto él como su mujer, Yoko Ono, eran partidarios de la Cofradía Tigral del Grito. Fijate qué coincidencia, eran pacientes de un psicólogo del que aún no he encontrado su nombre, pero que hacía en New York una terapia llamada del grito primal, a principios de los `70s, y vos sabés que yo he escrito mucho utilizando exactamente esa misma expresión “grito primal” o "grito lustral", ahora estoy tratando de averiguar quién hizo esa terapia en Argentina, me dicen que no existe aquí (¡qué novedad!, les contesto) y, a raíz de esto, empecé a reescuchar los temas de Lennon, incluso los de Yoko Ono desde otro lugar.
Por ejemplo, está el caso arquetípico de Mother, que tiene que ver con lo primal, y donde hay especies de curiosos scats hechos por Lennon y ni que hablar de Yoko, muy adicta al grito desde su participación en "Fluxus" y con toda la tradición oriental a sus espaldas, porque también el grito tiene una tradición en Japón en la música al igual que en el teatro y en el dibujo. Lógicamente, estoy también pensando en John Cage, que me fascina.
Recientemente terminé de escribir para nuestro site www.elorodelostigres.com.ar un dossier sobre el tigre en India y en China. Al elaborarlo, aprendí muchísimo sobre la cultura de este felino en esos países, dándome cuenta de lo poco que nos han enseñado, siquiera transmitido -tanto en la escuela secundaria como en la universidad- de las culturas orientales, de las que surge todo. Y, si no, preguntémosle a Platón...

R.C. ¿Cómo es ese triángulo entre el hombre, aquél que escribe, el tigre y lo que escribe?

M.L. Yo diría que forman un triángulo equilátero porque lo que se escribe, que no es otra cosa que el acecho y el salto, está en estrechísima relación con el hombre y las zarpas del tigre. El animal es, de hecho, el hombre enmascarado, y, ya se sabe, las máscaras son las que inventan su rostro, y no al revés como piensa la mayoría.
Por eso reivindico la Tigritud inmanente de todo y de todos, es decir el salto sobre la grieta, sobre la Historia Natural de la Herida. Yo siempre hablaba de la Tigritud sin darme cuenta, y un buen día, Jaime Siles, que es uno de los más grandes poetas de habla española, me dijo en París: "resignificaste el término, porque ese término no está en los diccionarios". Yo no lo sabía, porque para mí la Tigritud ha sido siempre un acto tan cotidiano y misterial, al mismo tiempo, un hecho de una intensidad permanente, mi mirada del mundo, una mirada que no excluye el vómito, el vacío y la acidia.
En Tesis de Filosofía de la Historia, Benjamin elabora la idea de revolución como salto tigral hacia el pasado, no para instalarse en el burdel de las putas, en lo que llama "el sitio del érase una vez", sino para hacer estallar desde ese lugar el devenir histórico. Como ves, la Tigritud acecha de maneras oblicuas.
Hace unas semanas, escribiendo un ensayo en el campo, me di cuenta de que había creado -de manera involuntaria- una nueva palabra: "Tigridad". Me quedé obsesionado varias noches con este asunto. Soy un obseso de las palabras, me invaden como juguetes maliciosos pero dulcísimos. Las palabras son vastamente perversas, vastamente criminales. Al fin, me dije: -Sí, por qué no, la Tigridad es hija del tigre y de la ardentísima vastedad del cosmos, ya que el universo se expande y se repliega de acuerdo con las leyes del caos. El ensayo, que es una suerte de ars poética, se titula "Caliente Tigridad de esa Pantera".
Entonces, ese triángulo al que vos te referís sólo puede resolverse a través de una mirada polifónica, mirífica, del universo, puesto que el espíritu del tigre y del hombre son la misma cosa, son partes de esa respiración permanente, y esa intensidad creativa nos permite rehacernos y rehacer el mundo constantemente (en este sentido sigo siendo berkleano, yo creo que vivimos soñando el mundo, y que alguien que podemos llamar dios -para George Berkeley la única realidad posible, bueno, él tenía que justificar su teoría de alguna manera-, vive soñando el mundo y soñándonos.) Trato de ir más allá que Berkeley y pienso que esa deidad es un gran payaso, un delirante hiperbólico, un gran bufón; de alguna manera digo dios como podría decir dioses o azar o hada. Recuerdo aquel verso del último libro de poemas de Héctor Álvarez Murena: “Al hada no se la llama, el hada acude cuando quiere.”
Ese dios payaso, ese dios titiritero acude cuando quiere y como quiere, con "total Tigridad", a la manera del Espíritu de Juan.

R.C. ¿Te apasionaron los cuentos de la niñez?

M.L. Sí, mi abuela materna, a quien, como te dije antes, llamaban “la tigra” (quizás de ahí provenga todo ese sentido de Tigritud y mi amor por ese animal que, según Chesterton, es un emblema de terrible esplendor, donde se une el amor y la belleza), mi abuela me leía -antes de que yo ingresara a la escuela primaria- no sólo los cuentos clásicos infantiles, sino toda una suerte de vastísima literatura sin fronteras cronológicas.
Volviendo al tigre, coincido con Borges cuando, parafraseando a su hermana Norah, escribe “Está hecho para el amor”. Sí, me interesaban mucho los relatos en la infancia, pero los tradicionales me aburrían muchísimo. Ella era una ávida lectora, muy moderna, y ya leía los beatness, como William Burroughs y Allen Ginsberg que eran sus predilectos. Me leía poemas y fragmentos escogidos de novelas de ellos junto a Alice in wonderland y Through the looking glass, de Lewis Carroll, que me fascinaba y sigue fascinando, porque no es un libro precisamente para niños, y ella lo sabía y disimulaba increíblemente.
Además mi hermana ya estaba cursando Ciencias Químicas, en Córdoba, y yo de chico me recuerdo también indagando en libros universitarios, obviamente muchísimas cosas no las entendía pero, bueno, lo importante es que me asombraban "esas herejías".
Siempre estuve relacionado con las bibliotecas y leyendo libros de las más diversas índoles, de distintas épocas, de manera caótica, a lo mejor esa manera caótica formaba un orden secreto de alguna manera, porque para mí la biblioteca siempre ha sido un jardín, un jardín para perderse. Para Borges era la alegoría misma de un laberinto, para mí es un jardín, porque además los jardines me apasionan y la idea de un jardín donde perderse y reencontrarse, incluso donde "fusionarse" con la naturaleza, resulta el culmen del hedonismo.

R.C. ¿Considerás que se está escribiendo buena ficción?

M.L. ¿Dónde? ¿En Argentina?

R.C. En Argentina

M.L. Salvo excepciones, creo que la ficción que se está haciendo en Argentina es penosa, ausente de creatividad, y con el pecado capital de ser aburridísima.

R.C. ¿Está vista, está leída antes de se ser publicada?

M.L. No, de ninguna manera. Ojalá fuera ya leída, ojalá fuera la resemantización, la resignificación de esas pocas metáforas de las que hablaba Borges, porque la literatura es eso también, los temas con los que nos manejamos, que son los temas del hombre, son muy pocos, seis o siete temas, a lo sumo... Después viene la maestría o no, el talento o no, la creatividad o no de los escritores.
En El oro de los Tigres hemos adoptado ese leit motiv de Wilde que tiene que ver con el encantamiento: es que hay una virtud sin la cual todas las otras son inútiles, son vanas, decía el autor de De Profundis, esa virtud es el encanto, virtud esencial, sustantiva que, en otro orden de cosas, Stevenson también rescatara. Me quedo más con los ensayistas o con los poetas de Argentina, veo más trabajo con la palabra, más búsqueda que en esos escribientes que, de aburridos, ya resultan obscenos.
Puedo nombrártelos si querés, sin ningún problema, por ejemplo ese señor Pablo de Santis o Marcelo Birmajer, que escriben borradores y lo publican -sistemáticamente- cada seis meses. Afortunadamente, en nuestro país hay excelentes lectores... por eso estos escribientes siempre terminan en las góndolas de oferta de los supermercados, y, aún así, nadie los compra. Hasta Guillermo Martínez, que parecía prometer mucho en un inicio, cuando era joven, ha caído en la desgracia de buscar el bestsellerismo y digo de lo bestseller en el peor de los sentidos. ¡Nadie puede pasar de la tercer hoja de los mamotretos que escriben, por Dios! Son como empleados de banco o de farmacia, con todo el respeto que estos me merecen, corriendo con sus valijitas de editorial en editorial, tratándose de congraciarse con todo el mundo.
Con escribientes como Birmajer o de Santis, la literatura argentina se siente perdida, avergonzada. Por eso, les aconsejo a mis alumnos que vuelvan a los grandes, indubitados maestros como Manuel Puig, Juan José Saer o Wilcock, por supuesto.

R.C. ¿Hablás del Guillermo Martínez de después de Crímenes imperceptibles?

M.L. No, ya desde antes empezó a escribir adefesios, ahora no me parece ni siquiera un buen artesano, sino una persona astuta dada a los manejos del marketing literario. No nos engañemos: existe una especie de escribientes advenedizos que consiguen premios a través de amistades o de sus viejos maestros de talleres literarios... Para mí la vida ha sido mi taller literario, la herida natural de la especie ha sido mi taller literario y, verdaderamente, uno lee estas nouvelles, estas novelitas, mejor dicho estos borradores, porque ni siquiera son nouvelles o novelas, y uno se pregunta por qué no volver a Ibsen, por qué no volver a los grandes maestros, y enseguida encontrás el camino a Strinberg....
Olga Orozco, con quien me unió una hermosa amistad de trece años, me dijo que había alcanzado a leer parte de unos textos de este señor Birmajer (parte, porque no pasó de la segunda página) y recuerdo haberle escuchado con esa voz ronca y profética: "ni siquiera es un aprendiz, es un escribiente con mangas de lustrina este Birmajer". Le mot just. Veo que está en tu sitio.

R.C. Sí, lo tenemos a Birmajer y hay notas de de Santis

M.L. Desgraciadamente. Es lo único que te critico porque al resto lo veo espléndido y los felicito por todo el arduo y creativo trabajo que vienen realizando.

R.C. ¿No notás que falta un buen condimento poético en la narrativa, que existía, y ahora desapareció?

M.L. Definitivamente, vos sabés que acabo de traducir un texto narrativo de Clarice Lispector, escritora que he leído fervorosamente en determinadas épocas de mi vida (regreso a ella de modo espiralado), y cuando leo sus novelas es como si leyese a una Virginia Woolf de Latinoamérica y es precisamente su alto sentido de la poesía lo que me conmueve. En todo escritor si no hay poiesis no hay literatura, y hablo de poiesis en el sentido místico y mágico que implica, y práctico por qué no, desde lo que consideraban como poiésis los griegos, y me viene a la mente aquellas palabras de García Márquez: “yo escribo para hipnotizar”.
De alguna manera creo que estos escribientes, como diría Cervantes, de cuyo nombre no quiero acordarme, no pueden hipnotizar realmente ni a un jején y les falta eso, les falta poesía, les falta lectura, les falta el substratum que debe tener un escritor, esa biblioteca mental hecha de libros que se convierten en atmósferas, que se convierten en fragmentos, que se convierten en fragancia, les falta la Tigritud y Tigridad, les falta garra, condición indispensable para labrar literatura. En los borradores que publican, no hablemos ya de libros, "no hace su entrada lo extraordinario" (Walter Benjamin dixit). Es que, en este aspecto coincido con Benjamin, para que una novela alcance el estadio de lo extraordinario debe encontrar "la necesidad de la tragedia antigua, una necesidad rigurosa y desesperanzada".
Además cuando salís de este país no los conoce nadie, son los personajitos de turno de acá, así que imaginate qué puede pasar con ellos... si un gran escritor, poeta y dramaturgo como fue Héctor Álvarez Murena hoy está olvidado o parcialmente eclipsado, qué puede pasar con estos Birmajer o de Santis... Aclaro que no tengo ninguna animadversión contra ellos, solamente me mueve mi instinto iconoclasta de poner bien los puntos sobre las íes, ja ja. Hasta sus artículos periodísticos son espantosos, no conocen las mínimas reglas de la gramática, te digo, porque uno hasta puede descubrir errores de sintaxis en ellos. Eso también denota los inmensos agujeros que hay en la ficción después de la muerte de los maestros, después de la muerte de un Manuel Puig o de la muerte de Borges o de Cortázar para citar a los grandes. Han quedado esos agujeros y nadie ocupó esos lugares, es muy difícil ocupar esos sitiales.

R.C. ¿No hay como una canalización para que estos libros, estos textos que tienen poco vuelo, lleguen a la gente?

M.L. Yo creo que hay una ruptura diacrónica, o sea llegás hasta Saer y después viene el caos, el caos en el peor de los sentidos; estamos hablando de un gran escritor como Saer, pero vemos a esta gente que de pronto declara en los medios, y con total desparpajo, yo escribo para ganar dinero, porque así dijo este señor Birmajer en un canal de televisión, y a mí me dieron un asco absoluto estas palabras. Por supuesto, cambié inmediatamente de canal. Me pregunto, ¿cómo alguien que aspira a crear belleza, porque qué es la literatura sino la belleza unida al grito, puede decir escribo para hacer dinero, o algo así? Un marcador más de la decadencia...

R.C. ¿Estás escribiendo ahora?

M.L. Sí, estoy preparando una obra de teatro sobre Eleonora Carrington y terminando tres libros de poemas, uno de los cuales es Iconostasio que empecé a escribir en Europa en julio de 2007, Todos los mapas son inútiles en Abisinia y Tratado sobre una infinitud que arde, que parcialmente ya han sido traducidos al inglés, árabe y francés.

R.C. ¿Escribís en simultáneo?

M.L. Sí, escribo en simultáneo y leo en simultáneo, escribo en simultáneo y leo varios libros en simultáneo, eso siempre.

R.C. Y además tenés un programa de radio y una página de Internet.

M.L. Sí, y además trabajo en una institución dedicada a la educación: FIED, Fundación de Estudios Interdisciplinarios para el Desarrollo, que creamos hace diez años, con sedes en Buenos Aires y en Córdoba. Desde aquí, tratamos de revalorizar el paradigma de la interdisciplinariedad no sólo a través de la docencia, sino desde el lugar mismo de la investigación. Mi trabajo, que empezara a los dieciocho años, momento en que empecé a dictar conferencias y seminarios a lo largo y ancho del país, reside en rescatar a escritores y pensadores eclipsados o parcialmente eclipsados, por los motivos más disímiles, de Argentina e Hispanoamérica.

R.C. ¿Qué días va tu programa?

M.L. Todos los jueves por Radio Cultura, de Buenos Aires, fm 97.9., a las 23 hs.

R.C. ¿Y se escucha por Internet?

M.L. Sí, se puede escuchar por Internet y de hecho tenemos muchos “escuchadores” en distintos países, y cuarenta y cinco corresponsales-representantes en todo el mundo, desde Buenos Aires hasta Argelia y Estados Unidos, que también nos escuchan y nos envían periódicamente informes sobre la situación de sus regiones, sobre la situación cultural, porque mi programa, quiero aclarar, no es un programa literario, es un programa cultural en el sentido más genérico de la palabra.
Aspiramos a que la cultura sea vista y sea, entre comillas, leída no como un refugio, tal es el nombre, que me parece espantoso, de un programa acá de televisión que se llama El refugio de la cultura, sino como una sumatoria de puentes, ¿qué es la cultura sino eso, una suma de puentes?

R.C. ¿Y tu sitio de Internet cómo se llama?

M.L. Se llama "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor", por lo que te decía antes, porque me considero un intelectual que, de alguna manera, comunica cultura, no soy un periodista comunicando cultura, soy un escritor comunicando cultura, ésa es la diferencia, por eso se llama El oro de los Tigres. Comunicación de Autor. También es una invitación -y aquí aparece la parte lúdica- a que cada escuchador redescubra su Tigridad y analice qué hacer con ella.

R.C. ¿Considerás que el libro desaparece ante la aparición de tantos medios electrónicos, de tantos sistemas electrónicos para leer? Hablo del libro como papel.

M.L. Sí, nosotros somos hijos del libro, el libro tiene más de quinientos años, si consideramos la invención de Gütenberg, si no tiene varios miles de años. Me parece que por ahora va a ser muy difícil dicha desaparición: a mí me gusta palpar los libros, tocarlos, olerlos (mi pasión bibliófila es indisimulable), pero no sé, no puedo prever lo que ocurrirá con el futuro.
Borges decía en un pequeño texto desconocido que publicó en una revista no menos desconocida: “siempre el futuro que pensamos será distinto”. Es verdad, quiero tener una imagen más feliz y pensar que el libro seguirá siendo un medio alternativo por algunas décadas más, pero, por otro lado pienso en el libro, que para mí también es un objeto de culto, ya definitivamente como objeto de culto y como una reliquia, también pienso en eso, pienso en la otra punta del ovillo como un objeto desaparecido, pero quién sabe lo que puede suceder... Lo seguro: el porvenir volverá a sorprendernos.

R.C. ¿Considerás que se habla más de Borges que de lo que realmente se sabe de Borges?

M.L. Totalmente y en todo el mundo, además, ocurre el fenómeno. Sucede con todos los grandes maestros, o sea, primero se combaten y luego se canonizan. Como con los santos y el Vaticano. En el caso de Borges ha habido una canonización, sobre todo en Argentina, entonces, por ejemplo, si yo considero que la poesía de Borges es muy irregular, lo toman como una herejía. Yo he tomado poemas de Borges y los he corregido, los he "escandido". No me importan los inquisidores de turno.

R.C. Humildemente.

M.L. Humildemente, lo digo con toda humildad, he corregido cosas que me parecían ripios, durezas...

R.C. Igualmente Borges no estaba muy conforme con sus libros de poemas.

M.L. Sobre todo con los primeros. Quiero pensar que ahí estaba equivocado y me parece bien que, incluso los ensayísticos, sobre todo para los estudiosos, se hayan publicado nuevamente. No creo que sea un mérito de María Kodama, pero no critico eso, todo lo contrario, en especial para quienes nos interesa el universo borgesiano, su "prehistoria" literaria.
Las canonizaciones son malísimas porque momifican e infestan, en otro orden de cosas, ¿qué paso con Alfonsina Storni, por ejemplo, que fue canonizada y toda su faceta social, deliberadamente, puesta en fase oscura, en especial su lado feminista, su lado social? El mismo Lugones fue deliberardamente parcializado, bueno acá intervienen las dictaduras y el apoyo que él dio al golpe de Uriburu, etc. etc. Lugones ya en vida fue canonizado, en parte él se autocanonizaba, creo que eso lo perjudicó muchísimo y perjudicó su última literatura.
Ahora se cumplieron setenta años de su muerte, a mí no me gusta festejar los obituarios sino pensar en los nacimientos o en los renacimientos, pero sabemos que en la Argentina o en varios países de Latinoamérica siempre se está pensando en las muertes y en conmemorar muertes, pero creo pertinente rescatar los ensayos de Lugones y toda su faceta fantástica que es, de alguna manera precursora, avant garde, además Lugones era una especie de Sarmiento, un gran erudito, pero también fue canonizado. Lugones fue el primer en estudiar la Teoría de la Relatividad por estos lares, y de hecho se reunió y presentó a Einstein en Buenos Aires.

R.C. Canonizar es parametrizar

M.L. Totalmente, es ubicar ex-profeso en un lugar a alguien, en un lugar incómodo de poder. En ocasiones, una de las tantas facetas de la canonización, es ubicarlo en el “no lugar”, porque en realidad es un lugar “no lugar”, para que esa persona no sea discutida y eso perjudica no sólo al escritor sino a toda la sociedad. El caso de los próceres es arquetípico.

R.C. Un escritor, ¿no debe parametrizarse, no debe tener límites o debe estar limitado en algún punto?

M.L. No, creo que no debe limitarse, supongo que te referís a la temática que aborda.

R.C. No tanto a la temática sino a su estructura

M.L. A mí me parece que un escritor, en principio, quizás sea una visión romántica mía, pero no es alguien normal, entonces me molesta ver a los escritores con portafolios corriendo de una editorial hacia la otra, desbocados por publicar esos borradores tipo Pablo de Santis por ejemplo, a quien vi saliendo de una editorial con un portafolios y dando un portazo, situación patética por cierto.
Si yo pienso en escritores, en grandes escritores no puedo imaginar una situación así con Baudelaire, ni con un Gérard de Nerval y menos aún, yendo más atrás en el tiempo, como un Shakespeare. El escritor es esencialmente desmedido y, como decía Edith Sitwell, que es una de mis maestras, a quien yo en un ensayo definí como a una prerrafaelita extraviada en pleno siglo XX, si hay una misión que tiene el escritor, se pregunta ella en un ensayo, es la de devolver la vista a los ciegos, entonces, nada más lejos de lo formal que esta misión, la de devolver la vista a los ciegos.

R.C. ¿Cómo se salva la escritura de este mar de vuelos bajos?

M.L. Se salva por sí misma, se salva por la belleza, esa belleza no es nada más ni nada menos que la Terra incógnita de Rimbaud. En el comienzo de uno de los ciclos de El Oro de los Tigres hicimos un programa temático dedicado a un "arcángel" y a un "demonio", y digo arcángel y demonio entre comillas, lo que yo llamaría la profecía autocumplida de un triste, me estoy refiriendo a Chet Baker. Éste es un poema dedicado a él, donde se vindica la belleza del arte en general y de la música, es una suerte de art poética:

Terra incógnita

Ya se fugó el profeta velado
La lepra huyó por las alcantarillas
con su antílope de angustias.
Hubiera un sol que nos estrujara:
Música construyendo de nuevo catedrales.


R.C. Bellísimo texto. Sé que el programa ha obtenido varias distinciones, contanos.

M.L. Sí, recibió el Premio a la Excelencia Educativa, del Consejo Iberoamericano de Educación, el Premio Runa-Simi (Perú-Alemania), la distinción del Movimiento Neo-Surrealista, de Barcelona, y, hace unos días, fue votado unánimemente por la Legislatura de Buenos Aires, que lo declaró de "Interés Cultural y Educativo".
Tenemos la alegría y felicidad de que la radio de la Universidad de Salamanca, importantísima, lo seleccionara para su pronta retransmisión, además de ser elegido como material de estudio por la Pontificia Universidad Javeriana, de Colombia. Por otra parte, la trilogía de programas que hice para Hermann Hesse, también fue seleccionado para formar parte permanente de los archivos del prestigioso "Museo-Fundación Hermann Hesse", de Suiza.

R.C. Felicitaciones, Manuel, por estos logros que se irán sumando a otros.

M.L. Felicitaciones que hago recíprocas a vos y a Susana Gil, inteligentes e incansables trabajadores de la cultura. Brindo por el excelente "Escribirte". Brindo por nuestros lectores y escuchadores. Y por la paz, tan necesaria, tan urgente en este mundo. Hasta muy pronto y mil y una gracias.

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"Un juez no puede ser un ignorante de la literatura" En No es posible callar, el escritor y magistrado reflexiona sobre el lugar del artista y carga contra la globalización.


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Leer un texto como una música


Ana María Shua Ana María Shua

"Lo que me preocupa de la literatura es el texto, el soporte no me interesa en absoluto"


Fernando Sorrentino Fernando Sorrentino

"Este mundo es bastante raro y supera, y con creces, las creaciones de la más audaz imaginación literaria".


Juan José Saer Juan José Saer

"Para mí la literatura es una propuesta antropológica"


Ricardo Piglia Ricardo Piglia

"La experiencia artística es una pausa en la lógica de la realidad"


Entrevista al escritor argentino Hugo Mujica Entrevista al escritor argentino Hugo Mujica

"El contacto con la poesía es tan existencial que apenas caben palabras en la separación del contacto y uno".


La revolución no cumplió La revolución no cumplió

Entrevista con el escritor cubano Leonardo Padura, autor de El hombre que amaba a los perros.


Un hombre claro Un hombre claro

Entrevista a Edgar Borges


Rescatando la fantasía. Entrevista a Lorena Falcón Rescatando la fantasía. Entrevista a Lorena Falcón

"En una época donde la mayoría de los libros que se publican son de autoayuda o novelas que se regodean en la crisis actual, muchos olvidan e incluso desdeñan la fantasía"


Entrevista a la escritora Genma Sánchez Mugarra Entrevista a la escritora Genma Sánchez Mugarra

Genma, bilbaína de pro, adora el arte. La música y la literatura se unen en su mundo de letras y notas. La historia y la docencia son otras de sus pasiones. Pero ante todo, impartiendo y escribiendo, transmite. Sabe llegar e inculcar el amor a las palabra


Carmen María de Jaén Carmen María de Jaén

Una entrevista a la escritora española para conocerla un poco más


Entrevista a una mujer de las letras Entrevista a una mujer de las letras

Bella Clara Ventura, una escritora/poeta desde los orígenes del tiempo, cuando las letras no existían, sólo en el murmullo de los arroyos y en el canto de los pájaros.


El maestro Ramiro Lagos El maestro Ramiro Lagos

Es un verdadero lujo tener la realidad de semejante poeta universal y poder leer sus palabras plenas de historia.


Un hombre que camina la poesía Un hombre que camina la poesía

Gran Entrevista al poeta uruguayo Roberto Bianchi, una personalidad de las letras.


Por ''Culpa de los muertos'' hay un autor ausente. Por ''Culpa de los muertos'' hay un autor ausente.

"Culpa de los muertos" (Editorial Rubeo,Barcelona, 2008) describe la vida de cinco estudiantes de medicina de Corrientes en la década de la dictadura militar de la violenta Argentina de los '70.


Antonio Barnés Vázquez. Antonio Barnés Vázquez.

"Yo he leído en Virgilio". La tradición clásica en el Quijote.


Hugo Ditaranto Hugo Ditaranto

"La poesía es estado afiebrado, de necesidad, algo que no podés evitar, es un vómito, una centella, un rayo que te pega y lo tenés que largar, no hay otra forma".


Teuco Castilla Teuco Castilla

Leopoldo "Teuco" Castilla, poeta "Como si la casa entera fuera hecha de palabras".


Marcos Silber Marcos Silber

"Felizmente una gran cantidad de editoriales apuestan a la edición y difusión de títulos extramarketineros".


 Danielle Roger Danielle Roger

"Cuando soy lectora dejo de ser escritora, no se puede ser ambas cosas a la vez, si sucede esto la lectura será deficiente".


Confidencias de Escritores Confidencias de Escritores

Norberto Barleand: "Los poetas no sólo miran, ven, son los cantores del paisaje, del amor, el dolor, el hambre o la ternura".


María del Carmen Suárez María del Carmen Suárez

"Los poetas jóvenes están muy sometidos a la poesía del norte o de Francia"


Fortunato Ramos Fortunato Ramos

"Destinen la atención a la educación"

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