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| Miércoles 16 de agosto de 2017
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Locura

María Elena Disandro

 

La extraña y comentada muerte de Malena Araujo fue el espanto de mucha gente. ¿Suicidio, accidente, o...?
Quizás debido a las fantásticas inventivas del periodismo - apurado por dar noticias sensacionales - o el afán popular de arrogarse el derecho de confundir las pruebas en discusión se creó una imagen disfrazada del suceso. Muchos indicios del procedimiento no se expusieron porque nada hay tan vago como investigar los motivos imprevisibles y sorprendentes de un hecho semejante.
Mientras fumo un cigarrillo esperando lo inevitable ("para que diga el testigo si sabe y cómo le consta si...") voy a contar lo sucedido tal cual lo recuerdo ya que no tiene objeto negar mi participación y hubiera preferido ser espectador y no actor en este drama.
Mi vida mundana hizo que siempre me diera maña para relacionarme con cualquier mujer desconocida de manera cautivadora hasta charlar con ella como viejos amigos.
Con Malena fue distinto; es importante tenerlo en cuenta para que no se forjen conclusiones apresuradas; procuraré explicarme con la máxima veracidad posible, retrocediendo en el tiempo al primer instante que la traté: cuando se iniciaron los cursos mixtos del colegio secundario y quedamos ubicados a la par: ella en el último pupitre, arrimado a la pared de la primera fila y yo en el último de la segunda.
La distancia se hizo incluso más corta al conjuro de una combinación de exuberantes y agradables ocurrencias. Me sentí fascinado por su hermosura, enamorándome sin condiciones; era maravillosa, sus ojos negros tenían el arrebatador relampagueo de la mujer impulsiva, dueña de esa viva sensibilidad que seduce a los hombres. No fui, desde luego, el único admirador ni el único pretendiente, muchos compañeros buscaban prodigarle elogios para recibir la estimulante risa alegre y cariñosa o la mirada profunda llena de suspicacia.
Obtuve el premio mayor al lograr acompañarla a su casa en varias ocasiones en las que conversábamos placenteramente pasando de un tema a otro sin advertirlo. Poco a poco los delirios de un gran amor se apoderaba de mi corazón; su sola presencia transformaba en miel cada momento de mi vida, aún el más amargo; si por alguna causa Malena no asistía a clase, una tristeza muy honda descompaginaba mis pensamientos, volviéndome hosco, taciturno con mis compañeros y con todo mi entorno.
Un mañana se produjo el milagro. Mientras esperábamos al profesor de turno, mi carpeta cayó al piso; nos agachamos los dos al mismo tiempo, nuestras bocas quedaron tan cerca que se unieron en un beso rápido e impulsivo; nos ruborizamos, sobre todo ella, y desde aquel día algún objeto fue deliberadamente al suelo.
No obstante del manantial de la felicidad nacen las calamidades, los humanos transformamos la dicha en pena y el amor en odio en pocos minutos. Por una razón surgida entre dos alumnas que no pasaba de ser una habladuría (habladuría que ponía en tela de juicio la ética del colegio), se dispuso un cambio de ubicación del plantel femenino y a Malena le tocó sentarse al lado de Jorge... y eso fue lo malo.
¿Quién podía imaginar el veleidoso cambio de quien era objeto de mis tribulaciones? Mientras trataba de conformarme con variadas suposiciones, la esperanza me fue abandonando poco a poco. Lo entendí totalmente cuando, evitando mirarme, la vi parloteando con su nuevo ladero y que de tanto en tanto los dos se inclinaban a recoger algún objeto caído.
Todo estaba dicho sin palabras, las estrellas luminosas de nuestro amor habían tenido el brillo fugaz de las luces de bengala.
Ahora, encadenando los recuerdos, me doy cuenta que se eclipsó lo que había de bueno en mí y me abrazó el fantasma de la locura. Queda en el fondo de mi conciencia la pregunta que sólo engendra una mente trastornada: ¿qué placentera sensación se puede sentir ante el deseo de matar a una mujer?

Ya me llaman, apago el cigarrillo, me levanto, acomodo mi corbata, cierro los ojos un momento, respiro profundo...
Necesito no sucumbir al miedo que me acosa de caer en la trampa que hace confesar al sospechoso.

 



María Elena Disandro
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.: Sobre María Elena Disandro
María Elena  Disandro María Elena Disandro
Argentina Argentina

Nacida en Buenos Aires, María Elena Disandro manifestó desde muy pequeña una inclinación natural hacia la literatura, vocación que hoy ejerce profesionalmente y que se reveló originariamente en el género cuentos con "Osadía Literaria", su primer libro de cuentos fantásticos. Parte de su producción narrativa apareció publicada en diversos medios gráficos interesados tales como "Contrahabla", suplemento Cultural; "El Damero", publicación barrial y el diario "Del viajero". Los cuentos han recibido la premiación en diversos concursos organizados por las editoriales Geear, Nuevo Ser y Ediciones Andrónico. Fue galardonada con la Mención Especial por la Asociación Argentina Tango al Mundo y el Foro de la Memoria de Pompeya por su obra "Aún en otra vida..." y, en abril de 2011, preseleccionada entre 275 participantes por su cuento "Qué ironía" para integrar la XLIII antología "Argentina en Versos y Prosas" por Ediciones Raíz Alternativa. Su cuento, María de todos", fue distinguido con el 2° PREMIO EN NARRATIVA  en la Antología de Poesía y Narrativa Breve Escritura Sin Frontera 2011.

Con "La indulgencia del Talismán", la autora incurre en la novela poniendo a prueba una equilibrada mixtura entre lo sobrenatural y lo real mediante un despliegue de mitología escandinava, con adaptación libre, representada en los excéntricos nombres de dioses, templos y lugares -Upsala, Nidhogg, Norns, Loki, Godar, Odín, Thor, Gullveig- que van cargando de significado la trama de la obra. Partícipe activa de diversos talleres literarios, la autora dedica el resto del tiempo a otra de sus pasiones y profesiones que vuelve a tener como objeto a la palabra: la grafología. Algunas de sus creaciones están disponibles y pueden ser leídas en su página web oficial:

www.almacen-literario.com.ar
mariaelena.disandro@gmail.

.:Ver más sobre María Elena Disandro
 
.: Obras de María Elena Disandro
2004 Osadía literaria
2009 La Indulgencia del talismán
 
.: Textos para leer de María Elena Disandro
Aun en otra vida... (Cuento)
El tormento de Medusa (Cuento)
La indulgencia del talismán (fragmentos) (Novela)
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